Pixies, Smashing Pumpkins, The Who, Blur, James, Surfin Bichos, B-52, The Stooges, The Jesus & Mary Chain, Rage Against the Machine, Massive Attack, Portishead, The Cure, Héroes del Silencio, Happy Mondays, The Doors, The Queen… Y ahora Led Zeppelin.
Una de las grandes cuestiones que ronda mi cabeza, es intuir las razones que motivan modas temporales en el mercado discográfico. Mi memoria es joven pero no recuerdo una explosión tal de reencuentros musicales como al que asistimos en los últimos tiempos. En ocasiones todavía se pueden encontrar algunas formaciones como Blur, Héroes del Silencio o Pixies, donde se consigue reunir a los integrantes del grupo en la cima de su carrera, pero en la mayoría de los casos nos encontramos con suplantaciones de lo más indecorosas, y que por otra parte evidencian el afán lucrativo de los “míticos” componentes.
Probablemente uno de los mas cómicos fue el de The Doors, eso sí, con Ian Ashbury (líder de The Cult) como vocalista relevando a un insustituible Jim Morrison. Los que tuvieron la suerte de verles en ¿Benidorm?, contaron que daba el pego de forma fabulosa, que por momentos parecía el mismísimo rey del blues borracho. A la estela le sigue la reunión hace dos años de Queen con Brian May pero sin Freddy. Intolerable. Eso sí, no sé cómo llenaron hasta la bandera el Palacio de los Deportes.
Mi criterio se puede tornar un poco imparcial en este momento, pero si tengo que salvar algún regreso, donde se intuyan al menos intereses más honestos, podríamos nombrar a The Cure, que parece que han vuelto para quedarse y que se lo siguen currando encima del escenario, y los Héroes del silencio. A pesar de que algunos me criticaréis por esta afirmación, el simple hecho de que hayan limitado la reunión a 12 ó 13 únicos conciertos masivos, que ni se planteen lanzar un disco de nuevas composiciones que probablemente supondría un fiasco (Bunbury no lo necesita) y que se gasten la salvajada que se están gastando en cada uno de los conciertos, comparables a la gira de los Rolling, me hace pensar que efectivamente se trata de un regalo para los fans.
Me gustaría pensar que estas vueltas a los escenarios no son un síntoma de falta de creatividad, o incapacidad por parte de los artistas de proclamarse Rock Star, pero sí se percibe por parte de la prensa una mentalidad musical muy nostálgica, condicionada una vez más por la ineptitud de los críticos musicales a la hora de analizar un grupo, al que suelen estigmatizar con interminables referencias (Interpol-Joy Division) y defenestrar o aplaudir en función de si se parecen a los grandes grupos de los tiempos pasados. Profesionalícense señores críticos.