El Parque

Por Segundo de Chomon | 7 abril 2011

1.

Miro el reloj y son más de las tres de la mañana. Ya se nos ha hecho tarde otra vez. Otra vez casi sin darme cuenta. A veces el clima y la conversación no acompañan y el tiempo pasa más despacio, pero hoy realmente me lo he pasado bien. El problema es que a estas horas difícilmente vamos a encontrar un bar abierto.

Sobre las baldosas de la acera se ha ido diluyendo el agua derretida de la bolsa de hielos dibujando una especie de laberinto inconcluso, lo que me ha recordado que tengo que mear. Así que despacho la conversación con un escueto ahora vuelvo y me acerco a unos setos para orinar. En este mismo lugar, hace años había un banco donde bajábamos a fumar canutos después de clase. Yo me esforzaba por parecer interesante. Inventaba anécdotas y sucesos  ficticios sobre mi vida para aparentar.

Cuando voy borracho encuentro la vegetación extraordinariamente fresca y atractiva. No consigo establecer claramente la conexión, pero de algún modo estos arbustos junto a los efluvios alcohólicos me trasportan a un bosque, a un recuerdo de mi niñez. Puedo visualizarlo, es una noche de verano y apenas tengo cuatro años. Mi madre me ha llevado esa misma tarde al campo, a hacerle compañía a mi padre que durante esa época del año trabaja duramente para sacar  adelante a la familia. Cuando la noche ha invadido de lleno toda la llanura del páramo castellano, mi padre decide que es hora de irse a casa, detiene el tractor y me baja en brazos de la cabina protegiéndome de una caída. Después me dice algo y desaparece por unos instantes. Me quedo solo y observo el manto de plomo fundido que invade la dehesa y más concretamente una encina polvorienta que yace en el centro de la parcela. Mas allá hay unos peñascos que anuncian una depresión del terreno donde comienza una arboleda que se pierde  en el horizonte. Elevo la mirada, el cielo está despejado y descubro una inmensa bóveda de estrellas que no he visto hasta entonces. La oscuridad del bosquecillo se vuelve extraordinariamente atractiva y un impulso irrefrenable me empuja a salir corriendo unos cientos de metros hacia la espesura.  La mano de mi padre aparece como de la nada e interrumpe mi huída con una sonrisa.

2.

Desde este parquecito de barrio de clase media no se ven las estrellas. Hasta en las noches más despejadas la contaminación lumínica puede llegar a hacerte creer que no existe astro en el cielo más allá de la luna y la luz tenue de la estrella polar. Pienso esto mientras vuelvo hacia el grupo de gente que ahora está más disperso. Me doy cuenta que apenas reconozco a nadie, parece que mis amigos se han marchado en el impasse en el que me he ausentado. Decido que es hora de volver a casa y atravieso el parque. Conforme avanzo encuentro a grupitos de adolescentes bebiendo y gritando.

Una extraña sensación entre el pudor y la nostalgia me acecha al observarles: podría ser uno de ellos hace diez años y sin embargo aquí estoy, deambulando un poco ebrio por el mismo parque y en circunstancias similares. Es como cuando te metes con el coche a una ciudad que no conoces: durante un rato crees que sabes donde vas, más o menos juegas a sentirte seguro dejándote llevar por tu sentido de la orientación, por el instinto, hasta que de repente te topas con el mismo semáforo por el que habías pasado media hora antes.

Atravieso la piscina de arena y es extraño porque los dos columpios que hay junto al parque infantil se están moviendo levemente de un lado a otro.  En un principio lo achaco al viento, pero al moverme unos metros me percato de que junto a los columpios hay una muchacha, que mira hacia la parte de arriba de parque infantil. Se han debido de separar voluntariamente del último grupito que me he encontrado en mi trayecto camino. Allí, a unos tres metros de altura, en la cima de la estructura de madera hay un muchacho que le ofrece la mano animándola a subir, pero parece que en un principio ella lo rechaza prudente.  El chico insiste sonriendo y ella al fin accede. Se agarra fuertemente a su mano y trepa temerosa entre los listones de madera hacia la cúpula del parquecito. Justo cuando eleva una pierna para salvar el balcon de la cima, una de sus bailarinas resbala y se precipita de espaldas al vacío.  Todo transcurre en centésimas de segundo, pero cuando mi estómago se contrae ante la inminencia brutal de la caída, el muchacho, en un alarde de agilidad estira su otro brazo y la agarra por la camiseta. El cuerpo de la joven queda suspendido en el aire, asido únicamente a los brazos del chico, que  asegura la sujeción abrazándola por el torso. Ahora los dos cuerpos, ruborizados e inmóviles, se miran durante unos instantes hasta que él acerca sus labios a los de la chica. Es un beso tosco e improvisado, estoy seguro de que es la primera vez que se rozan esos labios. Me fijo en sus piernas, siguen suspendidas en el aire, inertes, como las de un maniquí.

Carta

Por Segundo de Chomon | 16 noviembre 2010

Querida Clara:

Tengo aquí sobre el aparador el crisma con la bola de nieve con mecha que me mandaste las últimas navidades, cual bomba de relojería a punto de estallar. Aunque desentone un poco, pues ya han pasado tres meses desde que terminaron las navidades, me pone de muy buen humor dejar las llaves nada más entrar en casa y encontrarme con esos garabatos tan preciosos de Gonzalo. En el trabajo aún se ríen cuando guardo tal o cual regalo de los clientes (algún detallito, cosas sin importancia, no te preocupes) para mi ahijado. Pensamos mucho en él (y en vosotros, obvio) y no te lo vas a creer, pero Laura y yo nos pasamos muchas cenas imaginando los sitios a los que le llevarán sus padrinos este verano cuando vengáis de visita. Aunque todavía es pequeñito tiene que conocer los sitios donde creció su madre, ¿no te parece? De todos modos no te voy a martirizar con planes a seis meses vista.

Yendo pues, un poco más al grano, tengo que confesarte que me sorprendió el interés que mostrabas en tu anterior carta por Tomás. Pensé que todavía resultaba un recuerdo demasiado doloroso después de lo que ocurrió, pero no me había dado cuenta de que han pasado ya nueve años. ¡Nueve años,Clara!. El tiempo pasa de forma atroz. Nueve años y vivir a cinco mil kilómetros de distancia surten un efecto lo suficientemente balsámico para alejar a los fantasmas. A veces yo mismo pienso en marcharme una temporada. Pero ¿de quién huir? Casi todos os habéis marchado de Madrid. Supongo que es mi designio, quedarme aquí, como guardián de la morada, esperando vuestra vuelta algún día.

Respecto a Tomás sigo visitándole regularmente. Cuando digo regularmente, digo dos o tres veces al año. Sigue viviendo en General Lacy, en ese piso que tú conoces tan bien. Sigue estando tan desordenado como antes, pero ya no transpira tanta vida, se ha convertido en una cueva. La verdad que todavía no sé por qué sigo yendo. Cuando hago sonar el telefonillo (3º C, acuérdate), ya advierto la escena que me voy a encontrar. Seguro que me recibirá en bata. Seguro que con un pito en la mano y un libro. Nos sentamos en el sofá y la conversación no arranca hasta que, después de haber escuchado mis divagaciones, mirando hacia la pantalla del televisor apagado, (es decir, no escuchándome, porque creo que la medicación le ha lastrado bastantes cualidades comunicativas además de hincharle la cara) me contesta sin venir a cuento acerca de un poema de Holderling. Como comprenderás nunca hablamos del pasado, y raro es el día que consigo sacar una conversación que no gire entorno a la poesía. Después aspira otra calada y sus ojos se encuentran fijamente con algo. No sé si es la luz que entra por la ventana o la enciclopedia de sánscrito, pero le vuelve a atrapar durante treinta segundos.Parpadea una o dos veces. Es un parpadeo lentísimo, como si cada músculo óptico tuviera que levantar en vilo la mesa del comedor y la televisión, y toda su colección de libros, y después volver a bajarla. Como la situación es incómoda intento soltar alguna broma para oxigenar la habitación y él sonríe complaciente. Estoy seguro que no le ha hecho gracia, pero sonríe.

Sigue siendo un fumador compulsivo, eso no ha cambiado. Se echa uno detrás de otro, sujetando el cigarro con esas manos grandotas de agricultor que parecen morcillas, como las de su padre. Casi hablo más con sus padres que con Tomás. Me cuentan que con ellos está un poco irascible. Comen juntos todos los martes, pero rara es la vez que no se despiden con una bronca casi siempre vinculada a la medicación. En realidad todas las crisis que ha tenido han sido por dejar de medicarse. Sería tan fácil que simplemente la tomara.Podría llevar una vida relativamente normal. Un día me explicó que deja de hacerlo porque no le permite pensar, como si le hubieran enjaulado las ideas. Él nota que están ahí pero no puede acceder a ellas, no puede verbalizarlas.

Como ves, lo que te cuento no es demasiado agradable y estoy seguro de que en estos momentos estás lamentando haberme preguntado, pero tampoco puedo mentirte.

¿Te he contado que de vez en cuando me gusta entristecerme recordando el fulgor de antaño, como cuando nos emborrachábamos con mezcal ‘Los suicidas’ y recitábamos a grito pelado a César Vallejo? Me parece una conducta penosa, pero este aburrido y detestable estanque dorado de la madurez no da para mucho. Ojalá estuvieras aquí.

Mándale un abrazo al soplagaitas de tu marido y dile que no espere ganar una copa del mundo en su puta vida mientras sigáis teniendo ese despojo futbolístico llamado Maradona de entrenador.

Lo mismo para Gonzalo, dile que le quiero y vete explicándole en qué consiste el parque de atracciones.

A ti no te mando nada, hipoteco mis abrazos y mis besos hasta que no te vea pisar el aeropuerto de Barajas.

Un abrazo,
el padrino.

Monologo interior

Por Segundo de Chomon | 16 septiembre 2010

De su boca no ha parado de emanar durante toda la noche, como si de un manantial de aguas fecales se tratase, palabras con aplomo sobre lo que le ha costado hacerse a si mismo. <<Que en esta vida hay que tragar con cosas que a uno no le gustan para obtener a la larga lo que más desea>>. Por supuesto que  no  me sorprende que un chaval de veintipocos hable con suficiencia sobre lo que es el mercado laboral, la vida y su puta madre. Al fin y al cabo hace poco yo expresaba mis ideas con presunta autoridad y madurez, o al menos eso creía yo. Ese tipo de afirmaciones me irritan cada día más (no hay nada que le moleste más a uno que ver su propia conducta reflejada en el otro).

Ahora recuerdo cuando mis amigos miraban con recelo mi estúpida afición de hacer listas sobre todo, al titular con vocación universalista. De aquellos polvos aún mantengo mi cuenta en Filmaffinity que de a poco, consigue resarcir mi afán reduccionista. ¡Pero que quieren que les diga! no hay nada más simplificador y falaz que el propio lenguaje. No lo había pensado pero sí, definitivamente en la afirmación hay mucha más censura que en la negación.

Me he pasado más de media vida buscando un dogma, un evangelio al que seguir. Intentando que mis acciones sean coherentes con mis ideas. No solo es imposible sino que es una estupidez. No tengo que predicar con el ejemplo, no soy el presidente del gobierno. Algunos me diréis que quizás ahora no, pero que cuando tienes un hijo, tienes al menos que aparentar una cierta coherencia, que estas seguro de tus decisiones y posicionamientos. Que un crío debe tener un referente sólido, aunque uno sea el hombre más inseguro y desorientado del mundo. Sois los mismos que habláis de la importancia de la sinceridad y de ir con la verdad por delante.

Ultimamente me está gustando el JB a palo seco con hielos. Me sienta incluso mejor que un Whisky caro. Me gusta que sea una degustación lenta, que se vaya descomponiendo el sabor con el agua derretida de los hielos , que el efluvio alcohólico me atrape suavemente, sin excesos, sin que mi fluidez verbal se vea especialmente resentida. Esta noche gracias a él podré digerir la perorata con más facilidad.

La tierra

Por Segundo de Chomon | 4 noviembre 2008

Cuando sientas deseos de criticar a alguien” -fueron sus palabras- “recuerda que no todo el mundo ha tenido las mismas oportunidades que tú tuviste.

(El Gran Gatsby)

Desde que entré en la adolescencia el verano ha supuesto siempre por diferentes motivos una buena ocasión para oxigenar mi rutina invernal en el lugar de origen de mis padres, un pequeño pueblo de la meseta castellana de apenas cien habitantes. El pueblo está enclavado en la falda de un valle, y se hizo famoso entre los pueblos cercanos por sus cuestas y por los numerosos nacimientos de agua. Esta brota en cada esquina (como la desidia y el rencor), abasteciendo de agua tanto a las casas como a los innumerables pequeños terrenos donde fundamentalmente los jubilados pasan el tiempo durante el año.

Se trata de un ecosistema diferente, donde el tiempo pasa más despacio y las gentes hablan de otro modo. Tanto, que cuando llegaba Septiembre y volvías de nuevo a la Gran Ciudad, uno sentía llegar a un lugar desconocido, hostil, donde los amigos del colegio no se parecían ni por asomo a los que habías olvidado ya en Junio, personajes insulsos que carecían de interés alguno hasta bien entrado el mes de Noviembre, en comparación a los amigos de “La Peña”, que dejabas atrás y que no volverías a verlos hasta que el pueblo se hubiera convertido de nuevo, y así cíclicamente a lo largo de mi infancia y adolescencia, en un lugar gris y solitario.

Supongo que por la euforia inicial de visitar un lugar que por el paso del tiempo y la ausencia se había convertido en algo pintoresco y atractivo, y al no tener a corto plazo ningún compromiso importante en Madrid, decidí postergar las vacaciones de verano hasta que el cuerpo me lo pidiera.

Durante aquellos primeros días, paseé, visité los lugares que frecuentaba de niño, hice alguna que otra visita. Revisité los escenarios de la niñez de mis padres, todas las casas derruidas, las fachadas desvencijadas, parecían decir cosas sobre la historia del pueblo, sobre la guerra, sobre los dramas rurales de mis antepasados, sobre el trabajo duro. Me dejé seducir por la vida en el pueblo, por las conversaciones con los ancianos que se sentaban en las escaleras del ayuntamiento todas las mañanas, por las partidas de cartas en el bar y el carajillo, por el huerto de tomates, pepinos, cebollas, repollos y coliflores que me encargó mi difunto tío cuidar diez años atrás, aunque entonces lo despreciara. Un huerto que empecé a sentir muy mío, mucho más que cualquier portátil, colección de vinilos, tocadiscos, camisas o coches que hubiera tenido. Eran mis tomates, mis pepinos, yo los había cuidado y tratado con cariño para que ninguna raíz se secara, para que diera los tomates más grandes del pueblo. Los había visto crecer.

Durante el mes de Agosto había recolectado más tomates que cualquier otro vecino, había ido a un invernadero para comprar las mejores semillas, los mejores abonos, los cuidados más exhaustivos. Pasaba más de 6 horas al día entre los surcos de la parcela. Si podía en un solo verano explotar de aquella forma un terreno durante años yermo, con algo de planificación, en un tiempo llegaría a autoabastecerme e incluso vender una parte para vivir razonablemente durante el año.

Pronto los demás hombres del pueblo se acercaron entusiasmados al huerto, a veces a escondidas, intentando comprender el extraño fenómeno. Una información que no merecían. Habían dejado perecer sus cosechas más preocupados de la televisión o de gastarse los cuartos en putas . Esa semana ya no parecían interesados en invitarme a la partida, ni a tratar en tono paternalista de explicarme como recoger una calabaza. Un día fumigando los primeros tomates de la temporada me encontré que no tenían el tamaño del año anterior. Instantáneamente me percaté de que el nivel del agua en la acequia  que abastecía un torrente de agua cercano disminuía cada vez más, con la consiguiente falta de riego, problema por el cual una cantidad importante de mis plantas habían dejado de dar el rendimiento adecuado. Simplemente había que echar un vistazo al transcurso del riachuelo cincuenta metros antes de la acequia para ver que el caudal disminuía hasta casi desaparecer a la altura del huerto de un familiar lejano. Obviamente el propietario del terreno se había agenciado el abastecimiento dejándome sin el agua suficiente para llenar el depósito.

Intenté avisarle educadamente de que el agua que llevaba el caudal debía ser compartida por todos, que no se trataba de un monopolio donde cada uno podía agenciarse el suministro. Una mirada de áspero resentimiento mientras le comentaba lo sucedido me hizo pensar que mis críticas no serían de antemano bien recibidas, pero la realidad fue mucho peor. Sus argumentos resultaron previsibles, yo no era del pueblo, y si lo era no me había dignado a aparecer en toda mi vida. Azada amenazante en mano me animo a que me largara de su huerto y no volviera a aparecer por allí a robarle agua de su terreno.

Pensé que al fin y al cabo se trataba de un viejo indefenso, que bien podría haberme enzarzado en una discusión, y en el caso de haber llegado a las manos el viejo habría terminado huyendo. Pero agaché la cabeza y resignado me dirigí a mi casa. Durante toda la tarde no paré de pensar en lo sucedido. Era una pataleta irracional de un viejo miserable, pero por otra parte no podía desentenderme de aquella forma de mis tomates, mis pepinos, mis pimientos, mis patatas, mis coliflores, mis repollos… Los había visto crecer. La irá no hizo más que empaparme durante toda la noche sin dejarme dormir.

Una vez me cercioré de que era lo suficiente tarde para que nadie pudiera verme cruzar las calles con aquél artefacto a la espalda (que nunca sabré su nombre y que mi abuelo utilizaba para curar con insecticida los manzanos) me dirigí a la gasolinera que había al salir del pueblo y que todavía permanecía abierta para comprar una garrafa de cinco litros de gasolina. Llené el tanque y durante las siguientes dos horas me dediqué a intoxicar con el combustible los exuberantes tomates y pepinos del viejo cabrón.

A la mañana siguiente podría haberme pasado por el huerto para ver las consecuencias y resarcirme con el disgusto de aquel pobre viejo al ver que la mayor parte de la cosecha de aquél año estaba ya en proceso de putrefacción. Podría haber sucumbido a esa extraña espiral en la que sin darme cuenta había caído. Pero no lo hice. Solo quería salir de aquél lugar y llamar al trabajo para incorporarme a mi rutina diaria en la ciudad. Ni siquiera me pasé por el huerto para despedirme de mis cultivos. Llamé a mi primo para que se volviera a hacer cargo del huerto, si es que medio pueblo no le había prendido fuego todavía, y al caer la tarde ya me alejaba por las cuestas del valle.

La oscuridad se cernía sobre el lugar desde la ventanilla de mi coche. Pensé en aquellos que vieron en otro tiempo la umbría caer sobre esas casas. Pensé en que su visión seguro no variaría ni un ápice a la que yo tenía en aquél momento. Que permanecería invariable, como los monumentos importantes. Que yo me moriría y esas casa seguirían allí. Que en algunos lugares el tiempo no pasa de la misma forma.

El Jefe de todo Esto

Por Segundo de Chomon | 17 abril 2008
Juro que este será el último comentario vertido por mi parte al respecto del término “indie” y su manida controversia.

Leyendo por el foro de una página de prensa musical que generalmente apuesta por la música más al margen de la tónica dominante de la industria discográfica, por propuestas arriesgadas, creativas, diferentes y que suelo visitar eventualmente encuentro un post titulado: VIRGINIA LO MAS INDIE QUE HA PASADO POR OT .

Varios de los comentarios al respecto del post versan de las cualidades de la cantante, suscribiendo sus cualidades vocales, físicas, y sexuales.Tambien lo argumenta con que a versionado a Radiohead, iconos históricos de la música independiente. Esto es lo que realmente menos me interesa.

Operación Triunfo es un formato televisivo destinado al público masivo con un target de espectadores muy amplio, cuanto más mejor. Esto se equipara a la ideología económica de una televisión privada. Su estatus de empresa le obliga a la búsqueda del máximo beneficio. Creo que todos estamos de acuerdo en que en televisión se emiten los contenidos que son respaldados por las empresas económicas que subvencionan el canal. Doy por válido que el termino “indie” deriva de independencia ó independiente. Extraigo de la Real Academia.

Independiente

1.Adj. Que no tiene dependencia, que no depende de otro.

2.Adj. Autónomo.

3.Adj.. Dicho de una persona: Que sostiene sus derechos u opiniones sin admitir intervención ajena.

4.Adv. m. Con independencia. Independiente de eso.

El mismo autor del Post enlaza una dirección donde se pueden ver vídeo resúmenes de galas, fichas artísticas y elementos de merchandising. La propia academia crea unos estereotipos humanos que delimitan la naturaleza de los participantes en el concurso. Son, para decirlo de otro modo, la voz de su amo. Interaccionan con el público pero la plataforma es el concurso. El concurso domina sus vidas. Pongo en duda entonces su independencia creativa.

Ahora bien, si Rosa de España se lanzara a la creación de su nuevo Long Play, controlara el proceso de producción, fuera soberana de todo lo que suene dentro del CD, es decir si Rosa de España hiciera lo que le saliese del ojete en ese momento a pesar de sugerencias de productores musicales, asesores de imagen y demás y encima de eso coíncide con los gustos musicales de los directivos de las radiofórmulas ¿Seria “indie”?. Para mi, si. Lo que en cualquier sentido es una gilipollez inservible porque en ningún caso va a garantizar calidad dentro de unos parámetros colectivos, que es la pretensión que persigue la realidad mediática “indie”. Esa y el concepto de exclusión cultural.

Alguien dentro del Post comentaba que la verdaderamente “indie” era una muchacha que espontáneamente destrozó una canción de Shakira. Yo estaría de acuerdo si la persona en cuestión desafinara deliberadamente, lo que sinceramente no creo.

Juro que huiré como de la pólvora de todo aquel que presuma de galones de “indie”, que se autodenomine “indie”, o que me garantice que el solo escucha música “indie”.

Guía para el radio oyente contemporáneo

Por Segundo de Chomon | 8 abril 2008

torre de radio

Si algún medio de comunicación además de las fotonovelas a sufrido una regresión mediática de enormes proporciones desde sus comienzos a sido La Radio. Atrás quedaron los gloriosos días de “El consultorio de Elena Francis”, o las efervescentes retrasmisiones futbolísticas con reminiscencias caudillistas de Matías Prats, cuando el transistor era el rey de la casa hasta la llegada de ese aborto sociológico llamado televisor, al que amo y odio en proporciones parecidas.

Sin quererlo el radio-oyente con el paso del tiempo se ha convertido en una minoría dentro de la sociedad de consumo mediático. Un animal en peligro de extinción. En frecuentes conversaciones con amigos consumidores enardecidos de contenidos mediaticos, aproximadamente 1 de cada 10 versan al respecto de programas radiofónicos.

En los últimos tiempos, por situaciones coyunturales por la mayoría de vosotros conocidas, me he visto obligado al consumo intensivo del medio radiofónico, ahuyentando el tedio durante mi jornada laboral. Y he de decir que por un momento, tuve la sensación estúpida de pertenecer a un publico minoritario que exigía un tratamiento informativo peculiar para digerir los contenidos. Cuando llegaba a casa por las noches, la televisión me resultaba algo insípida, falta de imaginación, aunque sobrada de recursos.
Es sorprendente percibir el estancamiento de un medio como la televisión en España, a pesar de las posibilidades tecnológicas y creativas que posee con respecto a la Radio. Cada vez tengo más claro porque el tiempo resulta más fluido en Radio que en Televisión. Gracias a la relegación a un segundo plano del medio con respecto a la tele, grandes profesionales del periodismo se han cobijado en las hondas, al margen del gran publico, y sorprendentemente los directivos les han respaldado. Se les ha dado tiempo para madurar un producto, para hacerlo asequible e interesante, para mostrar contenidos no corrompidos por las leyes del mercado.

Mierda también hay, y mucha. Pero infinitamente inferior a la que podemos encontrar en TV.
Es relevante tambien la paradoja que muestra que en realidad todos los periodistas lideres de opinión se han hecho grandes en la radio.

Me esforzaré por mostrarles una lista de programas radiofónicos, de un medio tristemente denostado. Espero que por lo menos se animen a escuchar algo.

LA VENTANA- Dirigido por Gemma Nierga podría entrar en las coordenadas de un Magazine de sobremesa. Esto en principio ya sería motivo suficiente para dejar de interesarme, pero la calidad de los contenidos, el tratamiento desenfadado pero analítico, y sobre todo la superlativa presencia de la presentadora, con la que para mi, es la entonación más persuasiva de las ondas hacen de este programa que dura desde las 4 hasta las 7 de la tarde, un refugio-pasatiempo que poner de fondo mientras uno plancha, prepara la cena, merienda, juega al Pro Evolution o intenta echarse la siesta. Una vez al día abandonará momentáneamente su actividad para centrarse en alguna entrevista o debate interesante.

Lo Mejor : Los debates entre Santiago Carrillo y Herrero de Miñon. La Tertulia Latinoamericana, Las salidas de madre de Juan José Millas, y el Trumancapotismo de Boris Izaguirre

Lo Peor: La tertulia de los politicuchos (aburrida y soez hasta matar), algunas entrevistas a personajes presuntamente glamurosos, el compadreo progre y los interminables cortes publicitarios.

Frecuencia: 105.4 (FM-Madrid) 810 (AM)

SIGLO 21

Cuando la mañana informativa se pone cansina y Fedeguico me empieza a dar dolor de cabeza siempre aparece este completo escaparate musical para encauzar el día. Tomás Fernando Flores conduce un programa de 10 a 12 de la mañana donde suele tocar la mayoría de los palos musicales del momento dentro de la música al margen de la industria más Underground. Probablemente la paleta sonora que maneja sea tan amplia que a veces desconcierta, pero precisamente para eso está la radio musical, para descubrirte cosas. Si me apetece escuchar algún grupo preferido me lo meto en el Ipod y me lo escucho. A mi desde luego me alegra los viajes matutinos hacia Aranjuez. Radio 3 en este sentido se ha convertido en una alternativa necesaria a la podredumbre musical que se emite en 40 Principales, Cadena Dial, Radio 100, Europa FM o Top Radio. Para establecer una analogía tramposa la emisora viene a ser lo que es La 2 en la televisión generalista.

Lo mejor : EL BUZÓN DE VOZ (las letras mayúsculas lo son por algo), La heterodoxia del presentador y equipo que elige los temas. Que crean tendencia, es decir que son los primeros en pinchar temas que poco después se convertirán en fenómenos de masas. Que siempre machacan el único tema del disco de moda que no te gusta y al final le acabas pillando el tranquillo.

Lo Peor : Que a veces se pasan con el rollo experimental y se ponen cada truño que incluso acaba produciéndote migrañas. Demasiada presencia de electrónica. (Esto ya es gusto personal)

Frecuencia: 93.2 ó 95.8 (FM-Madrid)

LA MAÑANA

El último, y probablemente mayor fenómeno radiofónico de los últimos tiempos. Es muy posible que sea el único programa que la mitad de su audiencia la compongan sus propios detractores. No caeré en la grosería de desprestigiarlo. Todos los días de 6:00 a 12:00 de la mañana Federico Jiménez Losantos se monta en la burra y se lía a cortar cabezas a sablazos. Por higiene moral e ideológica yo lo escucho un día sí y otro no. Asumo que años atrás equivocadamente le insulte y le acusé con topicazos al estilo: Falangista, Kamikaze, Malprofesional y Descerebrado. Con el tiempo me ha empezado a parecer entrañable y e asimilado su funcionalidad en el espectro ideológico. Sigue siendo un falangista de espíritu pero hay que aceptar que una proporción importante de los españoles tambien lo es, es necesario un portavoz de estas características. Hoy en día hay que encuadrarlo en un estatus de líder mediático carismático, hijo de puta como el solo, inteligente y excelente orador. Posee una retranca humorística castellana que comprendo muy bien (es de un pueblo de Teruel con muchas semejanzas al lugar de donde proviene mi familia.) y ha sabido labrarse una audiencia fiel aunque peligrosamente fundamentalista.

Lo Mejor: La personalidad arrolladora que ha imprimido al programa. La vertiente humorística de sus análisis solo aptos para desprejuiciados. La tribuna de la segunda hora, droga dura sin cortar. El frenillo.

Lo Peor: La cuadrilla de correveidiles sirvientes de la peor calaña que le escoltan, empezando por Pedro Jota e Ignació Villa “alias” el monaguillo siniestro de Elm Street. Las teorías históricas revisionistas que ciertamente huelen a podrido. Federico Jiménez Losantos.

Frecuencia: 100.7 (FM-Madrid) 999 (AM)

EL LARGUERO

Mítico espacio de deportes de la Cadena Ser, conducido por el peor periodista entre los grandes capos de la radio española. Maniqueo y corporativista hasta la médula, en ocasiones llega a dar vergüenza ajena el garrulismo con el que analiza los sucesos deportivos. Azote de la Real Federación Española de Futbol, se erige como el espacio de análisis posterior a la jornada deportiva.
José Ramón de la Morena conduce el espacio de 12 a 1:30 de la noche los días de diario, donde fracasa intentando otorgarle al programa un halo de profesionalidad. No hace demasiados favores al tópico radiofónico que asegura que deportes está repleto de subrogados de otras secciones. A pesar de esto, es un espacio que llega a entretener, que cuenta con personajes realmente pintorescos y que es perfecto para dormirse escuchándolo.

Lo Mejor: Manolete. Relaño. Los Sanedrines del Madrid. Las ostias entre Paco González y Manolo Lama. Sebastian Álvaro y su espacio dedicado al alpinismo.

Lo Peor: El presentador y su amiguismo. El 50% de las secciones.

Frecuencia: 105.4 (FM-Madrid) 810 (AM)

HORA 25

Es el espacio radiofónico más propenso a perder oyentes por la competencia directa con el prime time de la televisión. Todas las noches de 8 a 12 de la noche abordan la actualidad política del país desde su vertiente más lúcida. Carlos Llamas creo durante años un perfil muy característico del espacio. Fue un reducto necesario e independiente. Cuando en las redacciones se perfilaban los últimos artículos, en Hora 25 se desglosaba la actualidad desde un periodismo de altura, de nubes de tabaco y un dedito de Whiskey, inmejorable para la duermevela, para los incansables trabajadores nocturnos. Aquella voz correosa como una cuerda de la ropa se apagó el año pasado, y llego Angels Barceló para renovarlo generacionalmente. Ahora las noches son más ecológicas y ordenadas, pero bajo mi punto de vista es el programa radiofónico mejor dirigido y el que analiza la realidad política de forma más brillante.

Lo mejor: Angels Barceló. Brunet. El Dietario de Ramoneda.

Lo peor: Carlos Mendo. Carlos Carnicero. Fernando Delgado.

Frecuencia: 105.4 (FM-Madrid) 810 (AM)