Archivo de ‘Ministerio de la Aristocracia’

Portishead – Third

Por Timoteo | 12 Mayo 2008

Cuando uno acomete un proyecto, especialmente en ingeniería, no puedes darlo por concluido una vez que has conseguido diseñar y encajar todas las piezas. En ese momento hay que replantearse la necesidad de cada parte, si se podría hacer con menos, si algún subsistema es inintencionadamente redundante y por tanto prescindible. Todo lo que sobre no hace más que complicar el producto, que se considera mejor cuanto más sencillo. La solución óptima es la más simple.

Algo similar ocurre en la literatura y el cine: cuando uno ha contado todo lo que quería conviene releer el texto en busca de detalles superfluos que no añadan nada a la narración, reconsiderar adjetivos que puedan estar de más, diálogos que se podrían resumir en un plano. La elipsis es una potente herramienta narrativa de la que a menudo nos olvidamos. De nuevo nos encontramos con que para conseguir la maestría la pregunta clave no es qué le falta sino qué le sobra.

Esa obra final en la que nada sobra, construida con lo imprescindible, es lo que Portishead ha conseguido con su maravilloso Third, un álbum que gira sobre lo que no se cuenta, en el que los silencios pesan más que la música. Su escucha provoca desazón y tranquilidad, te eleva y te tira al suelo y te lame las heridas. Es como si algo trascendental hubiera ocurrido y nadie se hubiera parado a explicártelo. Estás en el ojo del huracán, en medio de la devastación, destrucción tras de ti y destrucción es lo único que puedes esperar, y flotas con una extraña calma que no puede presagiar nada bueno.

Que es una clase magistral sobre la importancia del silencio en el arte queda declarado en la canción que abre el disco, Silence, una desasosegante progresión en la que Beth con su doliente voz “grita en silencio” si sabemos lo que perdió, lo que quería. Lo intuimos vagamente y llegamos a la certeza cuando la progresión, a punto de estallar por fin, se corta de forma abrupta y nos enfrenta a un silencio de seis segundos. Silencio es la única respuesta que recibirá a sus desgarradas preguntas, como en el redondo y característico estribillo de Hunter. Silencio es lo único que oímos cuando Beth se queja de que “nunca tuve la oportunidad de explicarte lo que quería decir” en la bipolar Nylon Smile: “no sé qué he hecho para merecerte/ y no sé qué haría sin ti”.

La atmósfera opresiva parece relajarse un poco en el comienzo acústico de The Rip. Sin embargo, al contrario de la huida de la oscuridad que augura la voz, nubarrones como una manada de caballos blancos se dirigen hacia nosotros a ritmo de vertiginoso sintetizador. La tensión se mantiene en Plastic para llegar al hipnótico ritmo de We Carry On y desembocar en la breve incursión folk de Deep Waters, que sirve de dulce intermedio para relajarnos y afrontar con algo más de optimismo lo que queda de disco, pues “sabré capear la tormenta (…) las aguas profundas no me asustarán esta noche”.

Y necesitaremos hacer acopio de valor, porque a continuación llegan el electrónico sencillo Machine Gun con su potente percusión que acaba fundiéndose con un teclado desquiciado y la portentosa Small, oscilante entre la voz casi desnuda de Beth evocando aquella noche en que se conocieron y la electrónica desatada apoyada en un poderoso órgano. El clímax de intensidad ya ha pasado, y eso se nota en la floja, en lo artístisco y en lo opresivo, Magic Doors, quizá lo más prescindible del disco junto con Plastic. Threads tampoco brilla a la altura del conjunto, sin embargo creo que cumple bien con su función de final de disco, su labor de descompresión: nos trae de las profundidades poco a poco, “siempre insegura”, mientras la voz se va disolviendo, quedándose atrás, dejándonos con una suerte de bocina que intermitentemente explora la niebla, lo invisible, lo desconocido.

El resultado conjunto es brillante. El disco te transporta a su propio mundo, te eriza los pelos con la primera canción y te mantiene en vilo, con un nudo en la garganta durante cincuenta minutos. En ese sentido, si consideramos que el arte es en primer lugar transmitir, el objetivo está cumplido, pues conmueve profundamente. Si por contra se piensa en el arte como evasión, también consigue sacarte de tu vida: prueben a escucharlo en el metro y verán que cuando vuelvan a la superficie el mundo es distinto al que conocían cuando bajaron. Además, escucha tras escucha se mantiene la magia.

En lo musical, tras diez año de silencio, Portishead vuelve con un sonido Portishead puro y sin embargo renovado, reconocible y lleno de elementos nuevos. La voz de Beth nos recuerda por qué nos enamoramos de Glory Box al instante, las referencias son las ya habituales en el grupo, la oscuridad se mantiene. Da la sensación, y que Thom me perdone, de que es lo que Radiohead lleva intentando hacer desde que publicó Kid A: crear una nueva obra maestra con un sonido distinto, que vuelva a revolucionar el universo conocido, y a la vez seguir siendo Radiohead. Los de Bristol lo han conseguido. Desde ya, candidato a disco del año.

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Stop the Clocks

Por Nihilia | 6 Mayo 2008

Me encanta escuchar música por la calle. Me encanta que los auriculares marquen el ritmo de mis pasos, que se abran las puertas del metro con un golpe de batería, que por un momento parezca que el misterio de la vida está contenido en cuatro acordes perfectos. Me encanta intentar disimular que un escalofrío me recorre la nuca ante la mirada de unos desconocidos, y me encanta no conseguirlo y que me delaten mis ojos empañados. Entonces quisiera poder compartir con todos ellos esa canción que lo está bañando todo aunque ellos no lo sepan. Quisiera decirles que no todo son prisas, que no todo son retos, que no todo son penas. Que la grandeza y la belleza contenidas en apenas cinco minutos de música pueden parar el reloj.

“Stop the Clocks”, casi nada:


 

Y otra de regalo, que merece la pena:

 

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Muere Rafael Azcona

Por Segundo de Chomon | 25 Marzo 2008

He intentado buscar símiles históricos para intentar describir la envergadura de la figura de Rafael Azcona en otras cinematografías pero no la encuentro. Cuando el cine español de debatía entre comedietas insulsas del régimen y épica folclórica de tonadilleras, Rafael Azcona ya escribía al nivel de la mayor parte de los neorealistas italianos. Ferreti de hecho le requirió para guionizar su película más famosa, El Cochecito. Pero quizás el valor más importante que trasciende del personaje es la de aquella persona que sacó de las tinieblas a la figura del guionista. Azcona no fue tentado por las mieles de ese oficio tan presuntuoso que es el de director de cine. No se extralimitó por eso su carrera es ejemplar. De las veces que yo le pude oír siempre tuve la sensación de estar ante alguien tan extremadamente modesto que sus palabras adquirían un sentido cotidiano, como si no existiera el filtro del televisor o de la radio. Como si estuviéramos en un parque conversando con el.

Esta entrevista tiene un extraño sabor epitáfico, pero creo que un retrato muy fidedigno del personaje. Descanse en Paz.

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Wilco, Duques de Zorratrot

Por Timoteo | 1 Diciembre 2007
  • Qué: Wilco
  • Cómo: en concierto
  • Dónde: La Riviera, Madrid
  • Cuándo: Viernes 9 de noviembre de 2007, al caer la noche
  • Porqué: porque es de lo mejor que se puede ver en directo

entrada wilco

Así que Nihilia y un servidor nos presentamos poco después de las ocho en el Paseo de la Virgen del Puerto dispuestos al orgasmo múltiple, hicimos una (equivocada) estimación de cola y decidimos ir por un par de litronas para engrasar la espera. Por desgracia, la gente entraba a un ritmo inexplicablemente alto, algo nunca visto en un concierto en este país, y hubo que dejar buena parte del avituallamiento fuera. Maldita eficiencia.

Una vez en el interior, tras dejar el abrigo en el ropero como la ocasión se merecía, corrimos a tomar posiciones por el atajo del baño (y el inquietante puesto de chucherías que hay junto a la puerta). ¡Córcholis! ¿Pero eso que está sonando no es…? Efectivamente, Jero y demás Sunday Drivers estaban supliendo el desplante de Richard Swift. Debe ser que Wilco se quedó con un buen regusto después de que les telonearan la última vez que actuaron en Madrid y les pidieron un favorcillo. La gente todavía se quejaba de que sólo tocasen un cuarto de hora… El caso es que conseguimos un sitio centrado, delante de la barra, con buena visión del escenario, detrás de un grupo de ciervas. Por supuesto, a continuación llegaron el actor secundario Bob y un émulo de Gallardón de metro noventa, con canas en las cejas, camisa y jersey que no se quitaría en todo el concierto.

Pero íbamos a disfrutar de un gran concierto, por mucho que un alineamiento de cabezones nos nublase la vista del escenario. A las nueve y media, con puntualidad espeluznante, saltó la banda al escenario y atacaron You are my face. Siguieron dos horas de música imparable repasando todos sus discos -tan solo se echó en falta un guiño a Mermaid Avenue-, acabando en el segundo bis con un arranque de rock retrospectivo en el que volvían a sus primeras composiciones. Canciones de corte más clásico, con gran energía, pero que a mí me dejaron algo frío, al menos como remate del concierto. Resultaba difícil superar los diez minutos que habíamos tenido de Spiders en el bis anterior. El setlist completo, aunque en clave, en Muzikalia.

El público madrileño, como es habitual, poco metido en el asunto. Únicamente un grito de alegría desbordada, inexplicable, con las primeras notas de Impossible Germany; buen tema, sí, y mejor desarrollado en directo; pero extraño que fuera lo más esperado de la noche cuando habían tocado y tocarían auténticas maravillas pop. En cualquier caso, la banda parecía pasárselo en grande y estar contenta con la respuesta del respetable.

En fin, que me pongo a quejarme de los pequeños detalles y pierdo la visión global: un concierto enorme: dos horas de música con un sonido perfecto (La Riviera nunca había sonado tan bien), una banda bien engrasada y los temas de uno de los mejores grupos de lo que llevamos de siglo.

Porque, por si alguien ha estado viviendo en una cueva sin radio ni Internet, Wilco tiene a sus espaldas más de diez años de carrera, con seis discos de estudio, un directo y dos preciosidades firmadas a medias con Billy Bragg, en las que musican letras del legendario Woody Guthrie. Desde unos inicios entre el folk y el rock el grupo ha ido evolucionando e innovando sin perder de vista las raíces. Empezó a apuntar maneras con Summerteeth, grabado entre los dos volúmenes de Mermaid Avenue, y se confirmó como uno de los grandes con Yankee Hotel Foxtrot, un disco redondo, repleto de deliciosas melodías. La grabación tuvo grandes complicaciones; de hecho, estuvo a punto de no ser editado y la banda lo compró y lo publicó en su web hasta conseguir interesar a una discográfica -curiosamente, una filial de Warner, cuando en origen había sido repudidao por otra filial de la compañía-. El proceso está registrado en el imprescindible documental I am trying to break your heart (elink).

Nihilia y un servidor salimos extasiados del concierto, seguros de haber asistido a uno de los grandes espectáculos de nuestras vidas. Mientras intentábamos asimilarlo con un whiskey en la mano, decidimos que Wilco se merecía un ducado en La Callecita. Larga vida a los duques de Zorratrot.

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Oh, Xoel mío

Por Timoteo | 18 Agosto 2007

Desde aquí convoco un Concíbulo extraordinario para debatir el otorgamiento de un título nobiliario a Xoel López, más conocido por su proyecto Deluxe.

Soy consciente de la oposición que opondrá Segundo, que aún no le ha perdonado al gallego la frase “tus discos de platino me importan un pepino”. A pesar de ello, creo que el chaval ha hecho méritos suficientes para obtener al menos un ducado. Entre sus logros cabe destacar:

  • Una brillante carrera discográfica siempre ascendente (con crecimiento negativo en ciertos puntos, se podría argumentar), desde los inicios con aquel maravilloso I’ll see you in London hasta su último disco, Fin de un viaje infinito, pasando por esa cumbre pop que es If things were to go wrong al completo.
  • Cepillarse, presuntamente, a Amaral. Con el morbo que tiene. La presunción no ha sido confirmada por ningún medio o cotilla, pero es la explicación más plausible a la constante presencia de Xoel en el escenario de Eva, llegando incluso a reemplazar a su habitual pareja (artísitca) Juan Aguirre.
  • ¿He mencionado ya cargos como Que no, Song for Ana o Extraña habitación?
  • El concierto ofrecido el viernes en el Sonorama. Quiero decir, El Concierto del Sonorama. Aunque le pusieron en el escenario pequeño a tocar sólo tres cuartos de hora, el tío se llevó a toda la banda, que para esta gira ha incorporado trompeta y saxo en un acercamiento al sonido del disco. Sobre el escenario las melodías de sus compactos evolucionaron hasta explotar en un delicioso orgasmo de pop ‘n rock, asombrando en cada desarrollo con un medido desequilibrio entre la potencia guitarrera y el cuidado en la instrumentación. Todo el público se aglomeró en torno a su guitarra hasta fraguar el concierto más apretado del festival. Después de aquello Los Planetas se disolvieron.

Habrá que estar atento cuando venga a Madrid.

¿Qué opinan, transeúntes?

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