Archivo de ‘Ministerio de la desidia y el rencor’

Mitos Populares Propios (1 de 3)

Por Segundo de Chomon | 24 Marzo 2008

Eran mediados de Agosto en las fiestas de un pueblo próximo. El último verano que pasé en las fiestas del pequeño pueblo natal de mis padres. Estábamos en la plaza de toros ya de madrugada, y se comenzó a escuchar un griterío calle arriba. Poco después apareció una silueta de un hombre montado en un carrito del Carrefour que bajaba la calle sin control hacia el ruedo donde nos encontrábamos nosotros bebiendo. En cuanto las ruedas hicieron contacto con la arena de la plaza el ocupante salió varios metros disparado. Al instante, se levantó y con los ojos enrojecidos y en un dialecto extraño nos pidió que le echáramos otro mini de Dyc con naranja.

Cuando terminó la fiesta volvíamos al pueblo en el coche de un amigo, estaba amaneciendo y como todos dormían atrás, quite el Cd de los Chichos, metí otro en Mp3 que había grabado poco antes de salir de Madrid unas semanas antes. Estaba bastante cansado de escuchar de nuevo el último disco de Manta Ray y salté varios discos sin recordar que carajo había metido. Inmediatamente empezó a sonar un bajo tan contundente como el del Doolittle, que había descubierto poco antes, pero entendiendo lo que decían. Y parecían decir lo que yo estaba sintiendo en ese momento de mi vida. La canción se llamaba Mi hermano carnal.

Yo conocía al tipo del carrito. Era un amigo de mi prima. Mi prima y la mayor parte de su generación ya hace tiempo que no visitaban el pueblo en verano. Me intento explicar que lo de aquel día no era algo excepcional. Ya hacia unos meses que se había dejado llevar por el camino del exceso. Todo tenía una explicación. Su novia de toda la vida hacía 2 años que lo había dejado. Tiempo suficiente para haberlo superado, le conteste. A veces las cosas no se superan nunca, me repuso. El tipo durante esos dos años, me siguió contando, mantuvo la esperanza un tanto adolescente de volver con ella hasta que un día de navidades, en el bar, alguien comentó que su antigua novia de toda la vida estaba embarazada. De otro hombre por supuesto.

Cuando subíamos la cuesta del pueblo en aquel amanecer de verano, yo volvía de un viaje sideral con Surfin Bichos. Al día siguiente por la tarde subimos a echar un partido de frontón. Probablemente es lo que más hecho de menos de esas tardes de verano. Eso y los botellines de después con la parroquia. Aquel día entre esa parroquia estaba el amigo de mi prima. Todavía borracho desde la noche anterior apuraba un anís mientras nos insultaba. Obviamente la multitud le perdonó el descuido e ignoraban los improperios.

Hace unos días me enteré que mi prima pasaba cerca de mi casa en sus paseos diurnos. El médico le ha obligado a recorrer cinco Kilómetros diarios andando, además de no fumar, escuchar música y hacer toda la vida normal que pueda. Ahora es ella la que está embarazada y aproveché para acompañarla en su paseo por el Parque de las Naciones. Entre ecografías en tres dimensiones, pijamas para bebes y cunas del Ikea recordamos parte de la historia de su amigo. Parecía reacia a hablar del tema y yo algo maleducado insistí más de lo debido. Benito se mató, Jorge, ya hace unos meses, creí que te habías enterado. Fue esté Otoño, volvía al pueblo en el coche y se salió de la carretera. Cayó a un canal y se ahogó, dijo con frialdad.

De la conversación no recuerdo mucho más. Le prometí que le regalaría una copia de un cortometraje que había hecho, y me pidió que le pasara algunos discos, que le apetecía escuchar algo nuevo, que se fiaba de mi criterio. Seleccionando algunos discos encontré la discografía de Surfin Bichos. Recordé la madrugada en que los descubrí y puse Hermanos Carnales, su gran obra. El disco sonó lento, cadencioso, me sorprendí canturreando cada una de las letras, incluso le encontré un cierto atractivo a los alaridos desinflados de Fernando Alfaro, algo que en el pasado me hizo odiarlos. De repente sonaron cuatro acordes de una nana y después una letra bellísima que hablaba del Otoño, me asusté y lo corté. No recordaba haberla escuchado nunca. Alguien muy parecido al protagonista de la historia de mi prima, con el mismo tono de voz, contaba la misma jodida historia en la canción. Apagué el reproductor y me bajé a ver la tele contrariado. Al día siguiente volví a poner el disco, esperé paciente a que sonara de nuevo la canción, pero no sonó. Volví a poner cada una de las canciones del disco, me bajé las reediciones a ver si el día anterior había escuchado un bonus track o algo parecido, pero la canción seguía sin aparecer. No se trataba de una confusión, recuerdo muy bien la letra, pero esa canción no estaba en el disco. Quizás la confundí con otra de las canciones. De todos modos si la escuchan en algún lugar, en algún momento, no duden en avisar. Yo todavía la estoy buscando.

Aqui os dejo con pecholobo Fernando Alfaro

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Grandes momentos de la música en español 3

Por Segundo de Chomon | 17 Octubre 2007

Llevaba toda la noche pendiente de ella. De ella y de sus amigos que no habían sido invitados, pero que los había transformado en los míos. La cogí y la llevé a un apartado. Le dije todo lo que tenía que decir esperando que aquél fuera el cumpleaños más feliz de mi vida y… No lo fue. Tres horas después todo el mundo se había ido, incluso ella, y sólo quedaba un amigo de la infancia intentando descolgar todos los cuadros de la casa. El Mercedes descapotable de mi tío esperaba en el garaje, me decía ¡ven!, piérdeme por la noche madrileña, por sus luces y sus sombras. Y poco después sobrevolábamos la M-40 dirección a ninguna parte. Mi amigo, etiqueta blanca en mano, había decidido que el asiento de copiloto no era lo suficientemente alto como para percibir la velocidad de trayecto. Un reflejo en la guantera me hacia recaer cada vez que bajaba la vista en una X. Era un disco y lo introduje en el reproductor, y sonaron unos acordes de guitarra como del fin del mundo, y unos redobles de marcha marcial y una voz casi imperceptible. Y mi amigo Juan me dirá que la felicidad en un concepto tan volátil que no merece la pena hablar de ella. A pesar de que fuera un segundo premio, aquella canción me decía que allí estaba para cuando me necesitara.

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Grandes momentos de la música en español (2 de 3)

Por Segundo de Chomon | 10 Octubre 2007

Un hombre con chaqueta vestido de negro baja entre la niebla al andén de un pueblo perdido en la cordillera cantábrica. Todavía permanece nevado pues el invierno no ha abandonado el lugar. Lleva un maletín y un cigarro apenas encendido que le cuelga del labio inferior. Las pocas personas con las que se cruza por las solitarias calles del lugar no le miran con la extrañeza de un turista perdido, sino con odio. Algunos con miedo. Entra en una de las casas y permanece un pequeño espacio de tiempo. A la media hora ya vuelve de camino a la estación y se sienta a esperar el tren. Al fondo se puede ver el pueblo enclavado en la ladera del monte. Una de las casas vomita una gran columna de Humo. El hombre se enciende otro cigarrillo en el banco de la estación. Piensa que es probable que hoy por fin llueva.

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Grandes momentos de la musica en español (1 de 3)

Por Segundo de Chomon | 30 Septiembre 2007

No recuerdo exactamente anoche, quien, ni cuando, me comentó una anécdota. En un momento determinado tuvo la fortuna de dialogar con Calamaro, (parecía un testimonio creíble). El tipo, que el alcohol y el cansancio se ha encargado de borrarle el rostro, contó como “el cantante” accedió a describirle como un sobrino suyo, intentó reventarle la cabeza con un bate de béisbol una nochevieja de abusos.

Hoy, leyendo una reseña del disco en Mondosonoro, hay un párrafo en el que habla del asunto. Corrobora que no solamente mi amigo no mentía, sino que completaba la información asegurando que ese año lo recibió en el hospital.

Me sorprendió también como Nacho Vegas contesta a una pregunta de Rolling Stone en el que le preguntaban en que sesión de grabación mítica le hubiera gustado estar. Honestidad brutal. Según cuenta Vegas aquello fue el espectáculo mas surrealista jamas contado. En un momento de la noche Calamaro cree que deben meter un acordeon en un tema, pero un acordeon que suene a “calle”. Y tu ves a Calamaro a altas horas de la madrugada buscando un acordeonista callejero por la Gran Via

En plena cosecha toxica se comentaba como Calamaro recorría las revistas musicales asegurando que Dylan se había basado en en “Honestidad Brutal” para componer “Love And Thef“.

Alguien en la prensa musical intentaba establecer analogías entre “Honestidad Brutal” y “Blonde on Blonde“. Puede ser un argumento interesante pero después de escucharlo nuevamente esta mañana creo que sería una ignominia compararlo. Puede que resulte muy evidente esa cadencia vocal tan característica de ambos, pero no… Honestidad Brutal es un disco de canciones, muchas obras maestras, tambien con algunas estupideces excesivas que se pueden oír sin problema.

Pero hoy en día creo que no existe un solo disco capaz de reunir tantas grandes canciones, himnos generacionales a su modo para algunos de nosotros, alegatos acerca de la soledad y la tristeza, la diversión y la desproporción.

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