Monologo interior
Por Segundo de Chomon | 16 septiembre 2010De su boca no ha parado de emanar durante toda la noche, como si de un manantial de aguas fecales se tratase, palabras con aplomo sobre lo que le ha costado hacerse a si mismo. <<Que en esta vida hay que tragar con cosas que a uno no le gustan para obtener a la larga lo que más desea>>. Por supuesto que no me sorprende que un chaval de veintipocos hable con suficiencia sobre lo que es el mercado laboral, la vida y su puta madre. Al fin y al cabo hace poco yo expresaba mis ideas con presunta autoridad y madurez, o al menos eso creía yo. Ese tipo de afirmaciones me irritan cada día más (no hay nada que le moleste más a uno que ver su propia conducta reflejada en el otro).
Ahora recuerdo cuando mis amigos miraban con recelo mi estúpida afición de hacer listas sobre todo, al titular con vocación universalista. De aquellos polvos aún mantengo mi cuenta en Filmaffinity que de a poco, consigue resarcir mi afán reduccionista. ¡Pero que quieren que les diga! no hay nada más simplificador y falaz que el propio lenguaje. No lo había pensado pero sí, definitivamente en la afirmación hay mucha más censura que en la negación.
Me he pasado más de media vida buscando un dogma, un evangelio al que seguir. Intentando que mis acciones sean coherentes con mis ideas. No solo es imposible sino que es una estupidez. No tengo que predicar con el ejemplo, no soy el presidente del gobierno. Algunos me diréis que quizás ahora no, pero que cuando tienes un hijo, tienes al menos que aparentar una cierta coherencia, que estas seguro de tus decisiones y posicionamientos. Que un crío debe tener un referente sólido, aunque uno sea el hombre más inseguro y desorientado del mundo. Sois los mismos que habláis de la importancia de la sinceridad y de ir con la verdad por delante.
Ultimamente me está gustando el JB a palo seco con hielos. Me sienta incluso mejor que un Whisky caro. Me gusta que sea una degustación lenta, que se vaya descomponiendo el sabor con el agua derretida de los hielos , que el efluvio alcohólico me atrape suavemente, sin excesos, sin que mi fluidez verbal se vea especialmente resentida. Esta noche gracias a él podré digerir la perorata con más facilidad.
