Coelho revisitado

Por Timoteo

I

Los guerreros de la luz no tienen miedo a tener miedo, ni a ser cobardes. Los guerreros de la luz nunca corren, porque creen que es de cobardes. Los guerreros de la luz se visten por los pies y empiezan la casa por el tejado. Los guerreros de la luz siempre miran a los ojos, aunque sólo cuando no son vistos. Los guerreros de la luz no esperan nada de la vida porque ya lo tienen todo: nada. Los guerreros de la luz comenzaron su viaje sin nada en los bolsillos y con unas sandalias de dedo.

Todo guerrero de la luz se encontró en algún momento a oscuras sin cerillas y al tropezar con un mueble dijo ¡ay! Todo guerrero de la luz soñó que no era un guerrero de la luz y se despertó con la boca seca. Todo guerrero de la luz habla consigo mismo, se ama a sí mismo, no se soporta a sí mismo y acaba esta fatigosa dualidad autolesionándose con cucharas mientras la familia cuchichea a sus espaldas que no le aguantan una más, que a la próxima le ponen la camisa de fuerza. Todo guerrero de la luz puede llenar páginas y páginas diciendo la primera gilipollez que le cruza la cabeza y, siempre y cuando el sujeto sea un guerrero de la luz, creerá que le queda un rollo trascendental.

II

Hay una bonita parábola, muy poética y nada obvia, que paso a exponer a continuación, en cuanto acabe esta innecesaria frase de introducción. Espera, que me ha quedado un poco corta. A ver si ahora.

Siglo XIV a. C. (que los chinos son una cultura milenaria de narices). Está Xiau Psé andando descalzo por un camino pedregoso cuando se cruza con una apuesta joven que calza unas Chiruca. La joven se para a contemplar el renqueante avanzar de Xiau Psé mientras piensa para sus adentros “Estos santurrones cada día están peor; éste ya está como las cabras”. Pero cuando pasa a su lado ve que lleva los pies sangrando y se apiada de él, “Abuelo, ¿no quiere que le preste aunque sea unas chanclas?” A lo que el anciano sabio responde “Más respeto, niña, que yo no soy tu abuelo”.

Meses más tarde, cuando Xiau Psé consigue llegar gateando al pueblo que distaba media legua, el médico que le amputa las piernas intenta darle conversación por encima del estruendo de la oxidada sierra sin afilar. “Buen hombre, ¿cómo cojones ha conseguido moverse con la gangrena por encima de la rodilla?”, pero el sabio, que debe andar cerca del Nirvana, calla.

“Debería estar muerto”, insiste el médico. Entonces se da cuenta de que la mano con la que sujeta el cuerpo para que no se le mueva está puesta en el cuello y la retira mientras silba, rehuyendo la mirada de su joven asistente. Gesto inútil, pues en realidad el joven asistente hace mucho que cerró los ojos para que no le entraran astillas de hueso y está mareado con el nauseabundo olor. Xiau Psé, entre agónicos jadeos, consigue balbucir su ya clásica sentencia “Desgraciao, casi me ahogas”.

El médico decide seguir como si nada, consciente de que en una situación traumática los recuerdos pueden confundirse, “¿Qué necesidad había de venir descalzo por ese pedregal?”. Pregunta ante la que Xiau Psé enrojece y durante unos tensos segundos quedan en un silencio sólo interrumpido por el raca-raca de la sierra, las arcadas del joven asistente y los gritos de la madre que acaba de volver de la compra y grita “¡Pero qué mierda es esto? ¡Desde cuándo juegas a ser médico? ¡Y encima lías a tu hermano de tres años! Pues yo no pienso limpiar la sangre”.

Cuando ha conseguido solucionar el enredo, el supuesto médico sigue teniendo curiosidad y vuelve a la carga, “¿Cómo es que vino así? Por favor, tengo que saberlo”. Para esta vez Xiau Psé, con su legendaria sabiduría, ya ha ideado una explicación con la que ocultar que salió a mear una noche, se perdió y es demasiado orgulloso para pedir ayuda, y contesta “Impaciente Pad Au-an, un hombre tiene que hacer las cosas a su manera, pues es la única en la que conseguirá la felicidad; no importa lo que cueste ni lo que digan los demás; la felicidad es lo más grande desde que inventamos la pólvora dentro de dos mil años; por no hablar de las frases separadas con un inexplicable punto y coma”.

III

Lo que quería dar a entender, sutilmente, con la anécdota anterior, antes de que me liara con la historia gore y un par de tonterías que tuve que añadir para completar las palabras que tengo asignadas y por las que, aunque resulte difícil de comprender, me pagan, lo que quería dar a entender, repito, que en ocasiones me despisto un poco, no sé por qué, si es por escrito y puedo repasar el texto para retomar el hilo… ¡el hilo! Sí, decía que quería dar a entender que a veces hay que hacer las cosas a tu propia manera, porque nadie va a hacerlo por ti y, ya puestos, mejor hacerlo como quieras, ¿no?

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Esta entrada fue publicada el Miércoles, 20 agosto 2008 a las 8:08. Archivada en Ministerio de la Discordia. Puedes seguir los comentarios desde el RSS 2.0 feed. Puedes dejar un comentario, o hacer trackback desde tu blog.

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