La primera vez

Por Timoteo

Voy a servirme otro whisky.

Hemos quedado con unos amigos que hacía tiempo que no veíamos. Al salir del trabajo he pasado por el mercado y he comprado un poco en función de lo que había y me iba apeteciendo. Creo que he compuesto un menú decente. He sido el primero en llegar a casa. Mientras metía las cosas en la nevera, he recibido un SMS: “llegaré tarde”. Así que tras una ducha me pongo a cocinar. “Good vibrations” de fondo. Debería ser una buena noche: mañana no hay que trabajar y volveremos a ver a Juan y Ana. Pongo el atún a marinar y, mientras tanto, voy pelando las manzanas. Olga todavía no ha llegado. Contaba con su ayuda para preparar la cena. Así no me va a dar tiempo a tenerla lista antes de que lleguen. “Don’t worry baby, everything will turn out alright ” y decido hacerle caso. Pongo las manzanas al fuego y llevo la vajilla al salón. Estoy acabando la masa de las crêpes cuando llaman al telefonillo. Suben Juan y Ana con una botella de vino, sonrientes y conversadores. Retiro todo del fuego, disculpándome por el retraso de Olga, y les ofrezco una cerveza y unas aceitunas para hacer tiempo. A las diez la llamo, pero no coge, así que dejo un mensaje recordándole que tenemos invitados. Veinte minutos después envío un SMS. Sin respuesta. Frío el pescado. Van a dar las once y a todos nos ruge el estómago. Justo cuando saco el último trozo del aceite oigo la puerta. Olga llega hasta la cocina, todavía con el bolso en la mano. Le doy un beso. ¿Dónde estabas? En milésimas de segundo, me responde que si puede coger un trozo, que se muere de hambre. No, se come en la mesa; picotear es para los que preparan la cena. Pretendía decirlo en tono de chanza, pero me ha salido bastante agrio. Saca una bolsa de patatas, llena un bol y me ofrece. Lo rechazo de forma desabrida. Algo huele raro.

Voy a encender otro cigarro.

La siguiente pregunta que me ha venido a la mente es ¿a quién te estás tirando? Afortunadamente, no ha llegado a la boca. Tenemos invitados. Olga pone música en el ordenador, “espero que os guste”. A mí me parece una mierda y lo adjetivo profusamente, con saña. Nos sentamos por fin a la mesa sin que haya dicho una palabra sobre el retraso. Alaba el atún en lo que yo siento como un torpe intento de reconciliación y añade que tengo que enseñarle la receta. Reprimo las ganas de decirle que tendría que haber estado allí para cocinar conmigo. Ese comentario debería venir de los invitados. Durante toda la cena, cada sonrisa, cada brillo en sus ojos es acompañado por el coro cantando “¿con quien?”. Apenas soy capaz de seguir la conversación. Cuando hablan Juan o Ana miro con disimulo a Olga. Cuando ella habla, le clavo mis ojos, pero apenas me dirige la mirada. No puedo intervenir porque no sé de qué coño están hablando. Toda mi atención la dedico a comer y espiarla. Voy con Juan a la cocina a terminar el postre. Me pregunta si todo va bien. Yo me disculpo: es que estoy dejando de fumar. A veces me cambia el humor.

Éste es el último del paquete.

Apenas hay sobremesa. No me extraña. Nuestros invitados se marchan con lo que a mí me parecen los típicos parabienes y reiteraciones de que la próxima debe ser pronto y en su casa. Pues vale. Yo lo que quiero saber es desde cuándo me la está pegando sin que me haya dado cuenta. En cuanto se cierra la puerta, Olga se mete en el baño y sale con el pijama puesto. Está muy cansada y se va a la cama. Debe de haber sido un día muy duro.

Aplasto la colilla contra un cuenco.

Seguro que en realidad estaba con su hermana. O preparándome una sorpresa. En las películas siempre pasa eso.

Miro el fondo del vaso.

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Esta entrada fue publicada el Viernes, 12 noviembre 2010 a las 12:00. Archivada en Ministerio de lo Interior. Puedes seguir los comentarios desde el RSS 2.0 feed. Puedes dejar un comentario, o hacer trackback desde tu blog.

9 comentarios a “La primera vez”

  1. Nihilia dice:

    ¡Por fin de vuelta, Timoteo! Me alegro de leerte, aunque traigas un relato doloroso. Es una de esas situaciones en las que uno intenta convencerse a la desesperada de que no están sucediendo. Me ha gustado: he sentido lo que el protagonista mientras leía el relato. Y, sinceramente, alguna vez antes.

    Por otra parte me permito hacer notar el papel determinante del whiskey en nuestras tres últimas entradas. Vamos por el buen camino.

  2. Timoteo dice:

    A veces creo que me olvidé de meter el sentido del humor en la maleta. A ver si en la próxima visita me traigo un poco.

    ¡Brindemos por haber encontrado el camino!

  3. Segundo de Chomón dice:

    Me ha gustado mucho aunque me tienes que explicar el cambio de parecer repentino de las elucubraciones del tipo.

  4. Segundo de Chomón dice:

    Por cierto, esta escena me ha recordado muchísimo a una peli de Bergman. ‘Secretos de un matrimonio’. ¿La has visto?

  5. Timoteo dice:

    No sé a qué cambio repentino te refieres. El relato pretende partir del costumbrismo de una perspectiva feliz, pasar a la preocupación, luego a la sospecha, después a la obsesión y por fin ofrecer una pocilga en la que poder revolcarse a gusto en la miseria que creemos vislumbrar.

    Juro solemnemente que no he visto una sola secuencia de Bergman, pero celebro cualquier parecido de antebrazo.

  6. Segundo de Chomón dice:

    Pues tienes que verla.Es un poco tu relato, pero en 160 minutos.

  7. supermilu dice:

    genial!!

    as usual!

  8. supermilu dice:

    se me olvido decir, que me gusta el detale de los cigarros ;)

  9. Timoteo dice:

    Habría que comentar que Segundo ha hecho una fotonovela a partir de esto que le ha quedado bastante decente.

Escribe castellano

El hipnosapo te ordena
respetar la ortografía.
Larga vida al hipnosapo.

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