Os odio, os odio tantísimo (2)

Por Nihilia

Apenas recuperado de mi odio animalicida hacia los kiwis o, como yo los llamo en mi fuero interno, “cojones con patas”, me sorprende en pleno visionado de A dos metros bajo tierra  otro espécimen inverosímil, otra quimera de la naturaleza, otro animal cuya mera visión hace que el cerebro se ponga a rebotar de un lado para otro dentro de la sesera:

EL OKAPI

Un animal que hace esto debe ser o muy inteligente, o muy poco.

Los odio más que a la publicidad telefónica, los odio más que a la arenilla por dentro del bañador, me atrevo a decir, incluso, que los odio más que a la gente que dialoga sus anécdotas: “Y yo le dije. Y él me dijo. Y yo le contesté. Y él se levanto y me dijo. Y yo, ofendidísima, le digo. Y él va, y me suelta. Y entonces, yo…” Concreción, señores. Concreción.

Ejem.

Los okapis. Observen detenidamente al okapi. Más que un animal, parece una macedonia de animales, ¿verdad? Cuerpo de burro, extremidades de cebra, cuernos de jirafa, orejas de sabe quién qué… Ahora, si lo observan con más detenimiento, una pregunta fundamental se abrirá paso en sus mentes como la imagen de Megan Fox saliendo a cámara lenta de una piscina (de nada). Esa pregunta es: pero, ¿qué clase de desquiciada vida sexual han debido llevar sus antepasados? ¿Cómo hemos llegado a esto?

“Mis padres fueron una jirafa, una cebra y un oso hormiguero. Con mi madre es mejor no especular.”

En la redacción de La callecita nos hemos devanado los sesos para reconstruir la noche en que fue alumbrado este engendro. Como escenario más plausible, manejamos la hipótesis de que todo partiese de una cebra con cataratas, probablemente intoxicada por la ingesta de agua encharcada, con efectos similares a los que provoca curarse el despecho a base de gintonics. En su beodo zigzagueo por la selva, debió toparse con una jirafa en no mucho mejor estado y, sin apenas galanteo ni preliminares, pasaron a mayores. Sería un fenómeno análogo a sentir atracción por la mujer de 50 pies de altura, de un lado, y por el bombero torero del otro.

En un momento indeterminado de la noche, gran variedad de animales debieron aparecer por la zona, sin duda alertados por los aterradores sonidos que emitía la pareja en el desempeño de algo parecido a un coito –especialmente si la jirafa era el macho-. Admitimos que posiblemente alguno de ellos alumbrase la esperanza de un tentempié tardío. Consecuentemente, si descartamos a aquellos  que perdiesen el apetito ante la visión de la escena, y aquellos que huyesen despavoridos, nos quedamos con los que hiciesen gala de un estómago a prueba de bombas y un maleable sentido de la moral. De aquí en adelante sólo podemos especular pero, a la vista del resultado, podemos asegurar que debieron estar involucrados, en un momento u otro, un número indeterminado de osos hormigueros, un murciélago extraviado y algún tipo de rata enorme.

Su libido no conoce límites: Okapi seduciendo a una roca

Esta no es  la selva que nos enseñó Disney. En la selva de Disney, lo peor que podía pasarte era que todos se pusiesen a cantar y bailar como fanáticos sin previo aviso. En esta jungla, apartas un par de matorrales y te topas con una masa informe de animales de quién sabe cuántas especies haciéndose furiosamente el amor. Mowgly no lo hubiese tenido tan fácil en una selva así. A saber qué hubiese terminado siendo Baloo.

Así que ya saben. Por la decencia. Por la moral. Por el legado de Disney. No me digan que en el fondo son monos.

Esta entrada fue publicada el Viernes, 23 julio 2010 a las 19:54. Archivada en Ministerio del Escarnio Público. Puedes seguir los comentarios desde el RSS 2.0 feed. Puedes dejar un comentario, o hacer trackback desde tu blog.

6 comentarios a “Os odio, os odio tantísimo (2)”

  1. Pablo dice:

    Yo solo puedo decir que admiro su capacidad de lamerse los cojones de esa manera. Por más que lo intento no hay manera…

  2. Segundo de Chomón dice:

    Juajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajuajua. Que GUSTO volver a leerte.

  3. Nihilia dice:

    Yo estoy por probar la mundialmente famosa técnica Marilyn Manson de autofelación: venimos con costillas de sobra.

    Gracias por comentar, chicos. Hay que ver qué gustirrinín que da.

  4. Timoteo dice:

    Leñe, se va uno de vacaciones y a la vuelta se encuentra con esto. Más, más. (Que estás todo el día en casa rascándote lo que no llegas a lamer.)

  5. Segundo de Chomón dice:

    Timoteo, escribe tu hijo de perra, que tengo sed de leerte también a tí.

  6. Timoteo dice:

    Hijos de mil hienas, estoy en la triste senda de convertirme en una persona de provecho, lo que dificulta enormemente acudir a los cantos de sirena de la literatura.

Escribe castellano

El hipnosapo te ordena
respetar la ortografía.
Larga vida al hipnosapo.

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