La fiesta nacional

Por Timoteo | 11 octubre 2007

Ha pedido Mariano Rajoy que mañana doce de octubre realicemos un gesto que muestre lo que guardamos en nuestro corazón. Yo, como buen seguidor de Brassens a través de Paco Ibáñez, pienso quedarme en la cama durmiendo hasta tarde, hasta que haya terminado el desfile y cesado el ruido de los cazas.

Cuando la fiesta nacional
yo me quedo en la cama igual
que la música militar
nunca me supo levantar.

Y aprovechando que además es el día mundial del huevo, prepararé una españolísima tortilla de patatas. Tras tamaño esfuerzo es muy posible que tenga que volver a la cama.

¿Hay algo más español que no trabajar, comer tarde y echarse la siesta?

¡Zas!, en toda la boca

Por Timoteo | 15 septiembre 2007

Esto es una vergüenza. Ni organizando el europeo nos toman en serio. Porque ya tenemos asumido que, en un territorio neutral, el arbitraje en casi cualquier deporte va a favorecer a las potencias clásicas, pero, ya que jugamos en casa, qué menos que los árbitros barran para el equipo español. O que sean neutrales como mínimo. Pues no valemos ni para eso. Montamos el Eurobasket 2007 y nos chulean en nuestra cara.

Ya habíamos podido ver alguna muestra a lo largo de las liguillas; lo de hoy ha sido la explosión, el despropósito máximo. Continuamente recibiendo palos de los griegos sin que les sancionen. Faltas contra España rigurosísimas o directamente inventadas, y con manga ancha para continuar la jugada, tirar y tener posibilidad de dos-más-uno aunque para ello haya que dar un par de pasos más. Sin embargo, creo que la cota superior se ha alcanzado cuando han pitado técnica a Rudy Fernández porque… la jugada ha sido confusa… sí, técnica por recibir falta personal y no hacer nada. Ni encararse con el jugador, ni quejarse al árbitro. A quién se le ocurre.

La respuesta de nuestra selección ha sido la mejor posible: a pesar de que en algún momento han estado cerca de perder los papeles, se han limitado a jugar y meter canastas. Eso es lo que hace falta para ganar, meter más canastas que el contrario. ¿Que te curten bajo el aro? Les cascas un triple. ¿Que meten canasta haciendo falta en ataque y pasos? Les cascas un triple. ¿Que te intentan sacar de quicio con juego sucio? Pues más para la cesta. Y así cuando les ganas con todos los factores en contra puedes ir al final del partido y gritarle a un griego ¡in your face, loser!*

*A ser posible acompañado de cortes de mangas y cuantos improperios se te pasen por la cabeza después de tanta tensión acumulada.

Sentimental

Por Timoteo | 1 agosto 2007

El primer día de carrera me sentía asustado y expectante por lo que se me venía encima. También me atenazaba la timidez con mi miedo al ridículo. Por lo general siento respeto hacia los profesores, como hacia cualquier otra persona antes de que me demuestre lo contrario. Durante el curso hay días en los que me siento abrumado por la carga de trabajo. Ante ciertos exámenes me siento nervioso, con un cosquilleo en el estómago; con otros, indiferente, o directamente pesimista. Sin embargo suele predominar la sensación de seguridad, de tener todo bajo control.

En los días malos, a pesar de mi ateísmo, no me siento muy católico. En cambio hay otros en los que me noto en armonía con el universo, optimista, alegre. Sí, a veces me deprimo. Otras me siento orgulloso de ciertos seres humanos. En ocasiones tengo unas jaquecas inexplicables, con una fuerte presión detrás de los ojos, y siento que la cabeza me va a estallar.

Mis amigos me transmiten confianza, tranquilidad. Hay chicas que me excitan, que me hacen sentir placer, que podrían causarme celos. O amor, claro. No suelo destilar odio hacia mis congéneres, aunque sí albergo resentimiento hacia alguno de ellos, que se suele quedar en desprecio. Sólo los más capacitados son capaces de enfadarme, no por mucho rato. Apenas recuerdo lo que eran la ira y la furia.

Me encanta sentir la arena de la orilla bajo mis pies, el sol acariciando la piel, la sensación de paz al mecerme con las olas entre el cielo y la mar. Disfruto de la melancolía de una tarde de lluvia. En algún momento he sentido la angustia del vacío interior. Me siento frustrado cuando se me ocurre la réplica brillante cinco segundos después.

Pero nunca, nunca, me he sentido español.